A Sangre y fuego (Manuel Chaves Nogales, 1937, Ed. Espasa 2011)

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Como periodista, Chaves Nogales no se encuadró en bando alguno, ni en la división prebélica europea, ni en la española de la Guerra Civil. Lo que para los activistas de uno y otro bando era falta de compromiso, él se empeñó en llevarlo adelante como compromiso con la defensa de la verdad frente a la propaganda, y de los individuos frente a las ideas.
Por eso sus escritos nunca fueron teóricos. Su periodismo fue una crónica de aquellos detalles en los que creía encontrar la auténtica esencia de las ideologías en pugna. Y así fue también su ficción: personajes que no representan posturas ideológicas, sino que sintetizan las paradojas y debilidades que experimentan el individuo cuando la lucha de las ideas se revela como una coartada para justificar ese conflicto por la supervivencia, más viejo que todas ellas.
Por la misma razón, Chaves Nogales renuncia aquí a crear una gran novela de la Guerra Civil. No se cree autorizado a compartir con nosotros más que pequeños episodios en los que sus personajes se descubren a sí mismos actuando de manera insospechada, conociéndose, si hubieran tenido ocasión de detenerse a reflexionar. Y que nos descubren también lo que es común a todas las guerras: que la lucha por cualquier idea no es otra cosa que una explosión de violencia ancestral, en medio de la cual la paz civilizada se asemeja más a un paréntesis, a una noche de teatro.
Un miliciano ideológicamente íntegro en el Madrid de las patrullas justicieras, que renuncia a salvar a su padre cuando sus camaradas fusilan indiscriminadamente a los fascistas presos; partidas de caza de rojos en el campo andaluz, formadas por caciques y criados; la busca y captura de quintacolumnistas en el Madrid en resistencia: columnas de anarquistas reconvertidas al saqueo. Un funcionario destinado a la selección de los tesoros artísticos que merecen salvarse de las bombas y los incendios; el cautivo salvajismo de las tropas moras; el conflicto entre la fidelidad de clase, y la debida a los señores de toda la vida, en las jóvenes chicas del servicio; un héroe de la artillería tan temerario como descreído; el fascismo de los consejos obreros. Situaciones todas que previenen al lector de cualquier tentación de tomar partido en lo que no fue sino la pelea más salvaje, entregándole un jugoso material para reflexionar sobre el precario sustento de cualquier convivencia civilizada.